Relato erótico: Hace más de dos años…

wedding

Lo que les voy a contar ocurrió hace algo más de 2 años.

Tuve que asistir, en representación de mi familia, a una boda que se celebraba en la ciudad donde resido. Me había separado de mi marido hacía 15 meses y no me apetecía nada asistir a una boda donde no conocía a nadie y además todavía arrastraba la depresión de la separación. Me habría encantado acudir como de costumbre a la casa de escorts de Escorts Madrid Cleopatra (acudo habitualmente, sus servicios para mujeres son exquisitos), pero mis padres me dijeron que ellos no podían asistir y que alguien de la familia, tenía que ir a la boda.

En el banquete me ubicaron en una mesa de amigos del novio. No me preocupaba demasiado la ubicación porque mi intención era retirarme en cuanto pudiese, pero me alegré al ver que era gente joven y divertida. No me interesaban nada los hombres, porque mi separación había sido muy dolorosa, pero me alegré al comprobar que a mi derecha se sentó un hombre, de unos treinta años, que no era guapo pero si atractivo. Se presentó nada más sentarse:

– Me llamo Jesús. – me dijo tendiendo la mano para saludarme. Se la estreché y le dije mi nombre.

Se sorprendió de no conocerme, porque según decía, conocía a todos los amigos de los novios y tuve que
explicarle la razón de mi presencia en la boda.

Jesús conocía a los demás comensales y hablaba con todos ellos y de vez en cuando hablaba conmigo. Se notaba que le gustaba por la forma de mirarme, yo también lo miraba con interés, porque Jesús, francamente, estaba muy bien, pero la idea de acostarme con él ni se me pasaba por la cabeza. Jesús miraba mi escote y mis piernas con disimulo, pero yo siempre lo pillaba mirando. Él parecía molestarse cuando lo pillaba mirándome y yo me sonreía. No sé porqué decidí provocarlo. Sabía cómo hacerlo, los últimos años de mi matrimonio había sido muy agitados sexualmente pues mi ex marido me había introducido en el ambiente liberal.

Jesús debía tener mucho experiencia con las mujeres porque no se cortó con mis provocaciones y cuando
comenzamos a tomar la tarta nupcial, se acercó y me dijo al oído.

– Lo que me enseñas me gusta, pero más me gusta lo que imagino.

Como un acto reflejo le contesté:

– ¿Qué imaginas?

– Unas bonitas bragas tapando un precioso coño. – me dijo acercándose al oído.

Afortunadamente alguien reclamó la atención de Jesús e interrumpimos la conversación.

Unos minutos después Jesús volvió a la carga. Yo había bajado mi falda y Jesús me dijo, mirando mis piernas tapadas por la falda:

– ¿Me has castigado por lo que te he dicho antes?

Me sonreí y le dije que nunca había conocido a nadie tan descarado como él. Jesús se rió y me dijo que se había ganado muchas tortas pero que también algunos polvos. Nos reímos.
– Sabría volverte loca de placer. – me dijo con mucha seguridad y entonces un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

No respondí.

Comenzó el baile. Jesús me propuso salir a bailar, me resistí pero él me agarró de la mano y salimos a bailar. Poco después de comenzar a bailar me dijo:

– ¿Te animas?

– ¿A qué? – le pregunté sonriéndome.

– A un polvo inolvidable. – me dijo al oído.

Esta conversación se producía intermitentemente, pues estábamos bailando en grupo y hablábamos cuando nos cruzábamos.

Entonces recordé un polvo inolvidable, fue en un club swinger en Madrid. Cuando entramos en el club y saludamos al encargado, un joven con cuerpo de gimnasio que, estaba en la barra, me comía con la mirada. No era extraño, porque llevaba una minifalda espectacular y tengo unas piernas muy bonitas. A mi ex marido le excitaba que otros hombres me mirasen y le volvía loco verme follar con otros hombres, creo que esto era lo que más le gustaba, y al darse cuenta de las miradas, mi marido hizo lo que solía hacer en estos casos, salimos a bailar en la zona visible desde la barra y allí bailamos provocando a los espectadores. Lo que más le gustaba a mi ex marido era subirme la falda hasta la cintura y enseñarles mi culo. Después de la sesión de baile, invitamos al mirón a nuestra mesa y charlamos con él:

– ¿Te gustaría tirarte a mi mujer? – le preguntó mi ex marido nada más presentarnos.

– Claro. – respondió el chico.

– ¿Tienes una buena polla? – le preguntó.

– No está mal. – respondió. Yo le dije que me gustaban las pollas gordas y él respondió:

– Entonces te gustará.

– ¿Follas bien? – le preguntó mi marido.

– Depende de con quien, follar es cosa de dos.

– Mi mujer lo hace muy bien. – le dijo mi marido.

– Pues entonces, si folla conmigo, no lo olvidará. – dijo, muy seguro de lo que decía.

La conversación continuó, en el mismo tono, hasta que acabamos las consumiciones y después bajamos a un privado.

Efectivamente fue un polvo inolvidable, el mejor de mi vida. Follamos durante 40 minutos. Yo me corrí no sé cuántas veces, la primera cuando me la metió, al sentir cómo mi raja se abría para dejar paso a la polla, después me corrí varias veces y fue la única vez que no pude contenerme y grité de placer.

En uno de los pasos de baile, Jesús me agarró por la cintura y me acercó a su cuerpo, yo dejé que nuestros cuerpos se juntaran y de nuevo, me estremecí.

Regresé a la mesa alegando que estaba cansada y Jesús se quedó bailando con el resto del grupo. Le di un trago largo al gin-tonic, miré de reojo a Jesús y la idea de follar con Jesús comenzó a tomar forma en mi mente. Sentí mi sexo mojado y mi pecho hinchado por primera vez desde la separación de mi marido. El azar hizo, para que todo ocurriese, que estaba sola en el piso, pues mi hija de 14 años había preferido irse a dormir a casa de una amiga. Cuando regresaron Jesús y los demás, yo ya estaba decidida.

Jesús parecía haberse olvidado de la idea de follar conmigo, a pesar de que sus ojos se caían en mis piernas. Le dije que tenía que irme, que ya era tarde, y entonces él me dijo:

– ¿Puedo invitarte a una última copa en un lugar más tranquilo?

– Vale, pero no me gustaría que nos viesen salir juntos. – le respondí.

– Te espero en mi casa, llámame al móvil dentro de media hora. – le dije.

Jesús se quedó helado. Yo me reí y le dije:

– Hoy es tu día de suerte, chaval.

Le di el número del móvil, me despedí de los compañeros de mesa y me fui.

Esperé la llamada de Jesús impaciente, mirando el teléfono mientras fumaba un cigarrillo sentada en el sofá. Dejé que sonase el teléfono tres veces y lo cogí:

– Diga.

– Soy Jesús.

Le indiqué el camino que tenía que seguir para llegar a mi casa, que comprase preservativos y que cuando
llegase al portal que me volviese a llamar, porque no quería que tocase al portero a aquellas horas. Y así lo hizo.

Pasamos al salón y le dije:

– Yo estoy tomando un gin-tonic, ¿te preparo uno?

– Sí, me vendrá bien un gin-tonic. – me respondió. Me reí y le dije:

– No te lo esperabas, ¿verdad?

– No. – me dijo.

– Yo tampoco. – le respondí.

Nos sentamos en el sofá, nos besamos y comenzó a meterme mano. Dejé que Jesús llevase la iniciativa. Cuando la mano de Jesús llegó a mi coño, me tumbé en el sofá, cerré los ojos y abrí las piernas. Jesús metió un dedo dentro de mi vagina y al sentir su lengua en el clítoris, suspiré profundamente. Estaba deseando sentir una polla dentro de mi coño, pero aquello me gustaba tanto que dejé que continuase hasta que él
quisiese follar. Mis tetas estaban tan duras que me dolían, las acaricié, mientras Jesús seguía atendiendo mi coño. Todavía no había visto la polla de Jesús, ni la había tocado y estaba deseando hacerlo. Me gustaba ver las pollas, en erección y después de follar. Había visto muchas pollas, todas me parecían distintas y todas me gustaban. ¿Cómo será la polla de Jesús? Estaba deseando verla y saborearla. Mis pensamientos se interrumpieron al sentir la llegada de un orgasmo: gemí y me retorcí, sin poder separar mi coño de la boca de Jesús, pues este tenía mis piernas fuertemente sujetas con sus manos, Jesús siguió comiéndome el coño, tuve un repunte del orgasmo y gemí y me retorcí con más fuerza.

Jesús se retiró, abrí los ojos y vi que estaba desabrochándose el cinturón, volví a cerrar los ojos y a continuación sentí el contacto de la polla buscando mi agujero, y a continuación sentí que mi raja se abría y entraba la polla. Hacía más de un año que no follaba, pero todavía sabía reconocer una buena polla y esta lo era, suspiré al sentirla entrar, me acomodé, me agarré al cuello de Jesús y le dije:

– Déjamela dentro y no te muevas, quiero sentirla dentro.

Un minuto después le dije:

– Fóllame muy despacio.

Al cuarto o quinto movimiento de Jesús me corrí mansamente y entonces Jesús, al sentir mi orgasmo, comenzó a moverse con fuerza y rapidez, durante más de un minuto. Creí volverme loca de placer. En poco tiempo tuve dos o tres orgasmos continuos y muy intensos.

– Sigue, sigue,… – le decía mientras me retorcía de placer.

Cuando Jesús dejó de moverse, sólo se oía nuestras respiraciones jadeantes. Tenía los ojos cerrados, todavía, sentía mi vagina palpitar. Mil recuerdos vinieron a mi mente, de noches de placer y desenfreno.

– No te salgas todavía. – le dije a Jesús cuando pretendió sacarla.

Follamos dos veces más, aquella noche. Cada polvo fue mejor que el anterior.