Fetiches y parafilias

Como hemos comentado en algún que otro artículo de este blog, os vamos a hablar sobre los fetiches y parafilias, que alguna vez habrás escuchado hablar, o no.

Existen infinidad de parafilias y, muchas de ellas quizá las desconozcas, es por ello que con este post os presentamos algunos fetiches, prácticas sexuales o preferencias en el erotismo que en la sociedad existen, y en el mundo sexual aún más.

Si estás interesado tan solo debes de prestar atención ¡Allá vamos!

Agorafilia

Este es un típico en películas subiditas de tono, o de preguntas habituales, por lo que en cuestiones sexuales se refiere. La agorafilia trata sobre la práctica de la actividad sexual en lugares públicos.

Aunque no lo parezca, esta parafilia es muy común en la sociedad. Seguro que has visto en los telenoticias o en la prensa que más de una pareja, o personas individuales han practicado sexo en instalaciones públicas.

Autonepiofilia

Esta es una parafilia basada en el deseo de llevar pañales y ropa de bebé, además de llevar un comportamiento de recién nacido, y que el entorno que le rodea le trate de la misma manera.

Este fetichismo se centra en que la persona que siente placer y excitación frente a llevar un enorme pañal a cualquier parte, además de beber de biberones y disfrutar del ocio como si un niño pequeño se tratase.

Belonefilia

Este fetichismo se centra en buscar la excitación producida por el uso de agujas.

Muchas personas experimentan placer con tan solo introducir entre su dermis diferentes tipos de agujas, hasta el punto de colgarse cuál ganado se  puede imaginar.

Frotismo

Como es bien conocido, existen muchos camninos para encontrar la excitación y el placer sexual. Este post es un ejemplo, e infinidad de parafilias habidas y por haber.

No obstante, los roces o contactos físicos, hacen que la fisiologia humana cree un vínculo de erección. Pero existe un fetiche exclusivo para ello: Frotismo.

Este consiste en frotar las partes genitales  contra personas desconocidas. En estas personas hace que la excitación crezca y por consiguiente el placer.

Qué y cómo BDSM

Seguro que has visto en algún que otro sitio las siglas BDSM. Pues bien, estas significan: Bondage, Disciplina, Sadismo, y Masoquismo.

Estas consisten en prácticas sexuales, las cuáles algunas (por no decir todas), tienen algún que otro fetiche y parafilia que les excita y les produce placer en las relaciones más íntimas entre personas, o individualmente.

A continuación os explicamos en qué consiste cada una de las siglas y sepas de qué va cada cosa, puesto que muchas veces tendemos a confundirlas.

¡Empezamos!

Bondage

El bondage es una práctica sexual centrada en la inmovilización del cuerpo bien sea atada o amordazada. Además esta inmovilización puede ser total o parcial.

El uso de cuerdas, esposas, telas, cadenas o cualquier otro elemento que sirva para inmovilizar a la otra persona, son los principales objetivos, y el fin del fetiche por ser atado o el de atar a otra persona.

Esta praxis sexual suele vincularse  a preliminares frente a una relación sexual, o la base de una de ellas.

Dominación

Esta se centra en los comportamientos y costumbres sexyales centradas en el consenso entre ambas partes drente al dominio de una persona sobre otro.

En esta práctica, en este contacto físico no es necesario, puesto que se puede llevar a cabo a distancia, o de tal manera con sexo a distancia.

Hay que dejar muy claro que este tipo de práctica sexual debe de contener códigos y palabras de seguridad para asegurar la integridad de ambas partes, sobre todo, a aquellos que es dominado.

 

Sadismo

Procedente del escritor y filósofo Sade, el sadismo alude a la obtención del placer a través de infundir dolor a otra persona.  Aunque este tipo de práctica no siempre tiene un talante sexual, se incluye en las siglas BDSM.

Cuando tiene un carácter sexual, el Sadismo es una parafilia que se centra en lo comentado, en la excitación y placer por realizar daño a otra persona mediante humillaciones, castigos o fustigaciones.

Al igual que en la dominación, esta praxis debe de ser de mutuo acuerdo, y deben de existir códigos de seguridad.

Masoquismo

El  masoquismo es el antónimo del sadismo, pero no se puede concebir uno sin el otro. Por lo contrario, el Masoquismo se centra en la excitación y placer al sentir daño proferido por otra persona  a uno mismo.

En esta práctica también debe de haber una palabra de seguridad y acuerdo entre ambas partes, para garantizar el bienestar.

Parafilias Sexuales: Cuáles son las más comunes

Una parafilia es un patrón de comportamiento, normalmente sexual, en el que se focaliza encontrar y predominar el placer en objetos, situaciones o actividades cotidianas y/o atípicas.

La excitación es el medio en el que se consigue el placer sexual a través de lo mencionado y es muy común, más de lo que os pensáis, en la sociedad frente a objetos como los zapatos, los labios rojos, e incluso situaciones de sumisión frente a otra persona.

Así que si estáis interesados en este tema tan solo debéis de seguir leyendo. ¡Allá vamos!

Los zapatos

El topicazo sobre los zapatos de tacón, sobre todo, extremadamente altos y de aguja en la mujer es una de las parafilias, o también conocidos como fetiches para los hombres.

La excitación no es el fin de que la fémina  lleve los zapatos, sino el proceso en llevarlos. Esto ocasiona muchas situaciones sexuales en los que al hombre le produce mucho placer que su acompañante vista este tipo de calzado.

Así que… ¿Por qué no?

Crurofilia

Otro de los tópicos sobre las partes del cuerpo femeninas que atraen en exceso a los hombres son las piernas. Pues bien, la crurofilia es este fetiche.

Ver una piernas alargadas y esbeltas hacen que más de un varón vea abultada su entrepierna por ver esta parte del cuerpo.

Y si lo combinas con unos buenos taconazos (como comentábamos antes), más que mejor.

Misofilia

Esta parafilia se relaciona por aquellas personas que se sienten atraídas por la ropa sucia.  Estas prendas llenas de roña, a mayor cantidad más excitación, hacen que a quienes les atrae este factor sientan más placer.

Graofilia

Es bien seguro que has escuchado la frase «a mi me encanta una buena madurita», o chicos que se sienten atraídos por las madres de sus amigos, vecinas, etc.

Esta parafilia se conoce como graofilia y consiste en la excitación y placer ante una mujer madura, y sobre todo, practicar sexo con ella.

 

Estas son algunas de los fetiches y parafilias, que estas últimas no se pueden contar las que existen.

Relato erótico: Hace más de dos años…

wedding

Lo que les voy a contar ocurrió hace algo más de 2 años.

Tuve que asistir, en representación de mi familia, a una boda que se celebraba en la ciudad donde resido. Me había separado de mi marido hacía 15 meses y no me apetecía nada asistir a una boda donde no conocía a nadie y además todavía arrastraba la depresión de la separación. Me habría encantado acudir como de costumbre a la casa de escorts de Escorts Madrid Cleopatra (acudo habitualmente, sus servicios para mujeres son exquisitos), pero mis padres me dijeron que ellos no podían asistir y que alguien de la familia, tenía que ir a la boda.

En el banquete me ubicaron en una mesa de amigos del novio. No me preocupaba demasiado la ubicación porque mi intención era retirarme en cuanto pudiese, pero me alegré al ver que era gente joven y divertida. No me interesaban nada los hombres, porque mi separación había sido muy dolorosa, pero me alegré al comprobar que a mi derecha se sentó un hombre, de unos treinta años, que no era guapo pero si atractivo. Se presentó nada más sentarse:

– Me llamo Jesús. – me dijo tendiendo la mano para saludarme. Se la estreché y le dije mi nombre.

Se sorprendió de no conocerme, porque según decía, conocía a todos los amigos de los novios y tuve que
explicarle la razón de mi presencia en la boda.

Jesús conocía a los demás comensales y hablaba con todos ellos y de vez en cuando hablaba conmigo. Se notaba que le gustaba por la forma de mirarme, yo también lo miraba con interés, porque Jesús, francamente, estaba muy bien, pero la idea de acostarme con él ni se me pasaba por la cabeza. Jesús miraba mi escote y mis piernas con disimulo, pero yo siempre lo pillaba mirando. Él parecía molestarse cuando lo pillaba mirándome y yo me sonreía. No sé porqué decidí provocarlo. Sabía cómo hacerlo, los últimos años de mi matrimonio había sido muy agitados sexualmente pues mi ex marido me había introducido en el ambiente liberal.

Jesús debía tener mucho experiencia con las mujeres porque no se cortó con mis provocaciones y cuando
comenzamos a tomar la tarta nupcial, se acercó y me dijo al oído.

– Lo que me enseñas me gusta, pero más me gusta lo que imagino.

Como un acto reflejo le contesté:

– ¿Qué imaginas?

– Unas bonitas bragas tapando un precioso coño. – me dijo acercándose al oído.

Afortunadamente alguien reclamó la atención de Jesús e interrumpimos la conversación.

Unos minutos después Jesús volvió a la carga. Yo había bajado mi falda y Jesús me dijo, mirando mis piernas tapadas por la falda:

– ¿Me has castigado por lo que te he dicho antes?

Me sonreí y le dije que nunca había conocido a nadie tan descarado como él. Jesús se rió y me dijo que se había ganado muchas tortas pero que también algunos polvos. Nos reímos.
– Sabría volverte loca de placer. – me dijo con mucha seguridad y entonces un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

No respondí.

Comenzó el baile. Jesús me propuso salir a bailar, me resistí pero él me agarró de la mano y salimos a bailar. Poco después de comenzar a bailar me dijo:

– ¿Te animas?

– ¿A qué? – le pregunté sonriéndome.

– A un polvo inolvidable. – me dijo al oído.

Esta conversación se producía intermitentemente, pues estábamos bailando en grupo y hablábamos cuando nos cruzábamos.

Entonces recordé un polvo inolvidable, fue en un club swinger en Madrid. Cuando entramos en el club y saludamos al encargado, un joven con cuerpo de gimnasio que, estaba en la barra, me comía con la mirada. No era extraño, porque llevaba una minifalda espectacular y tengo unas piernas muy bonitas. A mi ex marido le excitaba que otros hombres me mirasen y le volvía loco verme follar con otros hombres, creo que esto era lo que más le gustaba, y al darse cuenta de las miradas, mi marido hizo lo que solía hacer en estos casos, salimos a bailar en la zona visible desde la barra y allí bailamos provocando a los espectadores. Lo que más le gustaba a mi ex marido era subirme la falda hasta la cintura y enseñarles mi culo. Después de la sesión de baile, invitamos al mirón a nuestra mesa y charlamos con él:

– ¿Te gustaría tirarte a mi mujer? – le preguntó mi ex marido nada más presentarnos.

– Claro. – respondió el chico.

– ¿Tienes una buena polla? – le preguntó.

– No está mal. – respondió. Yo le dije que me gustaban las pollas gordas y él respondió:

– Entonces te gustará.

– ¿Follas bien? – le preguntó mi marido.

– Depende de con quien, follar es cosa de dos.

– Mi mujer lo hace muy bien. – le dijo mi marido.

– Pues entonces, si folla conmigo, no lo olvidará. – dijo, muy seguro de lo que decía.

La conversación continuó, en el mismo tono, hasta que acabamos las consumiciones y después bajamos a un privado.

Efectivamente fue un polvo inolvidable, el mejor de mi vida. Follamos durante 40 minutos. Yo me corrí no sé cuántas veces, la primera cuando me la metió, al sentir cómo mi raja se abría para dejar paso a la polla, después me corrí varias veces y fue la única vez que no pude contenerme y grité de placer.

En uno de los pasos de baile, Jesús me agarró por la cintura y me acercó a su cuerpo, yo dejé que nuestros cuerpos se juntaran y de nuevo, me estremecí.

Regresé a la mesa alegando que estaba cansada y Jesús se quedó bailando con el resto del grupo. Le di un trago largo al gin-tonic, miré de reojo a Jesús y la idea de follar con Jesús comenzó a tomar forma en mi mente. Sentí mi sexo mojado y mi pecho hinchado por primera vez desde la separación de mi marido. El azar hizo, para que todo ocurriese, que estaba sola en el piso, pues mi hija de 14 años había preferido irse a dormir a casa de una amiga. Cuando regresaron Jesús y los demás, yo ya estaba decidida.

Jesús parecía haberse olvidado de la idea de follar conmigo, a pesar de que sus ojos se caían en mis piernas. Le dije que tenía que irme, que ya era tarde, y entonces él me dijo:

– ¿Puedo invitarte a una última copa en un lugar más tranquilo?

– Vale, pero no me gustaría que nos viesen salir juntos. – le respondí.

– Te espero en mi casa, llámame al móvil dentro de media hora. – le dije.

Jesús se quedó helado. Yo me reí y le dije:

– Hoy es tu día de suerte, chaval.

Le di el número del móvil, me despedí de los compañeros de mesa y me fui.

Esperé la llamada de Jesús impaciente, mirando el teléfono mientras fumaba un cigarrillo sentada en el sofá. Dejé que sonase el teléfono tres veces y lo cogí:

– Diga.

– Soy Jesús.

Le indiqué el camino que tenía que seguir para llegar a mi casa, que comprase preservativos y que cuando
llegase al portal que me volviese a llamar, porque no quería que tocase al portero a aquellas horas. Y así lo hizo.

Pasamos al salón y le dije:

– Yo estoy tomando un gin-tonic, ¿te preparo uno?

– Sí, me vendrá bien un gin-tonic. – me respondió. Me reí y le dije:

– No te lo esperabas, ¿verdad?

– No. – me dijo.

– Yo tampoco. – le respondí.

Nos sentamos en el sofá, nos besamos y comenzó a meterme mano. Dejé que Jesús llevase la iniciativa. Cuando la mano de Jesús llegó a mi coño, me tumbé en el sofá, cerré los ojos y abrí las piernas. Jesús metió un dedo dentro de mi vagina y al sentir su lengua en el clítoris, suspiré profundamente. Estaba deseando sentir una polla dentro de mi coño, pero aquello me gustaba tanto que dejé que continuase hasta que él
quisiese follar. Mis tetas estaban tan duras que me dolían, las acaricié, mientras Jesús seguía atendiendo mi coño. Todavía no había visto la polla de Jesús, ni la había tocado y estaba deseando hacerlo. Me gustaba ver las pollas, en erección y después de follar. Había visto muchas pollas, todas me parecían distintas y todas me gustaban. ¿Cómo será la polla de Jesús? Estaba deseando verla y saborearla. Mis pensamientos se interrumpieron al sentir la llegada de un orgasmo: gemí y me retorcí, sin poder separar mi coño de la boca de Jesús, pues este tenía mis piernas fuertemente sujetas con sus manos, Jesús siguió comiéndome el coño, tuve un repunte del orgasmo y gemí y me retorcí con más fuerza.

Jesús se retiró, abrí los ojos y vi que estaba desabrochándose el cinturón, volví a cerrar los ojos y a continuación sentí el contacto de la polla buscando mi agujero, y a continuación sentí que mi raja se abría y entraba la polla. Hacía más de un año que no follaba, pero todavía sabía reconocer una buena polla y esta lo era, suspiré al sentirla entrar, me acomodé, me agarré al cuello de Jesús y le dije:

– Déjamela dentro y no te muevas, quiero sentirla dentro.

Un minuto después le dije:

– Fóllame muy despacio.

Al cuarto o quinto movimiento de Jesús me corrí mansamente y entonces Jesús, al sentir mi orgasmo, comenzó a moverse con fuerza y rapidez, durante más de un minuto. Creí volverme loca de placer. En poco tiempo tuve dos o tres orgasmos continuos y muy intensos.

– Sigue, sigue,… – le decía mientras me retorcía de placer.

Cuando Jesús dejó de moverse, sólo se oía nuestras respiraciones jadeantes. Tenía los ojos cerrados, todavía, sentía mi vagina palpitar. Mil recuerdos vinieron a mi mente, de noches de placer y desenfreno.

– No te salgas todavía. – le dije a Jesús cuando pretendió sacarla.

Follamos dos veces más, aquella noche. Cada polvo fue mejor que el anterior.